Nos encontramos, ante la eterna polémica sobre la idoneidad de pernocta de niños de corta edad  con su padre.

Sobre este asunto cabe señalar la abundante contradictoria y contrapuesta Jurisprudencia sobre el asunto. En este sentido, parecería conveniente que el Tribunal Supremo llegase a pronunciarse sobre este tema lo que evitaría no pocas disputas en los Juzgados de instancia.

Así por un lado, en sentido contrario a la pernocta de niños no lactantes menores de 3 años, la SAP Jaén 3ª de 20 de diciembre de 2010 expone que, la fijación correcta de la pernocta del padre con el hijo, es a partir que el menor cumpla los tres años.

Y, de otro lado, en el extremo expuesto, sin encontrar problema alguno en que un niño muy pequeño no lactante pernocte junto con su padre, la SAP Barcelona 12ª de 14 de mayo de 2010.

Quizás, evitando posturas maximalistas y extremistas, lo más adecuado deba resultar la necesidad de que cada caso se estudie específica e individualmente, de que los profesionales que nos dedicamos a los asuntos de familia no nos dejemos arrastrar por premisas generales que por su propio carácter son en la mayor parte de los casos manifiestamente injustas. Cada niño, cada menor, es un ser que merece la máxima protección y el tan repetido principio de interés del menor no debe convertirse en una lista de principios generales que atenten contra el interés de cada caso concreto. El interés del menor como principio rector de los procedimientos de familia exige, en primer lugar, un estudio personalizado de cada caso para poder emitir una resolución que proteja al menor en cuestión.

     En este contexto, y más allá de la polémica en torno a la pernocta, lo cierto es que en los procesos de familia no son infrecuentes los regímenes de estancia o custodia de niños de corta edad con su padre de carácter gradual o progresivo.